sábado, 1 de noviembre de 2014

Uno

Alfred estaba mirando por el ventanal mientras dejaba volar su imaginación. 

Imagen de Aeroscraft.com tomada y reproducida sin permiso expreso.


  Las ideas revoloteaban en su mente como mariposas pero le llevaban siempre al mismo punto y éste era cómo se había metido en este embrollo.
  Hacía tres meses se encontraba leyendo el Enderman Times y en la sección de Trabajo había un anuncio que le llamó poderosamente la atención. En ese anuncio se pedía gente con integridad física y curiosidad. Estaba sin blanca y necesitaba dinero, el anuncio daba una dirección y poco más. Curiosamente el salón de té donde se encontraba, estaba cerca de la dirección dada.

  Un parpadeo y Alfred volvía a ser consciente de su localización actual. Era el Aranda, un aeroglobo en tránsito en la línea regular Enderman-Lurk. Estaba en el salón de recreo y frente al ventanal de estribor. La visión ahora no era la mejor porque estaban atravesando un banco de nubes y había disminuido la luz. Se estaban formado gotitas de agua en el exterior.

  Otro parpadeo y ahora se veía delante de las puertas de un templo, unas puertas muy viejas de madera y el desierto parecía que lo había respetado. En ellas se podían ver unos grabados de árboles, plantas, lagos y animales, y encima de todo una nube de la que caían rayos. La imagen le parecía anacrónica, más bien estrambótica porque no reconocía todos los animales que estaban allí representados. La puerta parecía sólidamente cerrada. 
  Al lado de la entrada a la mastaba estaban los camellos en los que habían llegado sus ayudantes y el.  En uno de ellos se encontraba un pequeño cofre que le había llegado junto con las últimas indicaciones.

  Un rayo de luz le sacó de su ensimismamiento. Ya no estaban en el banco de nubes y la aeronave se estaba acercando al aeropuerto de Lurk. Estaba llegando a su destino y tenía que volver a su asiento...

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