jueves, 30 de octubre de 2014

Cinco

Justo en ese momento escuchó algo a su izquierda y sintió un sobresalto que aceleró aún más su ya de por sí acelerado corazón, se paró en seco y se giró hacia donde había oído el ruido. Vio por el rabillo del ojo el destello de metal y un movimiento leve, se volvió lentamente y pudo ver el cuerpo de un hombre tumbado en el suelo, su mano derecha se soltó de la empuñadura del arma y miró con más detenimiento. Era un hombre joven, de pelo negro, con el buzo de trabajo hecho jirones, lleno de manchas de sangre y zonas quemadas, había partes de la espalda con quemaduras importantes. El joven gimió, se volvió hacia Sir Conrad, estiró el brazo derecho a modo de petición de ayuda y en su cara ensangrentada se vio como su boca dibujaba la palabra “ayuda”. Miró directamente a los ojos de Sir Conrad. Éste le devolvió la mirada, se giró y miró a su alrededor. Encontró un trozo de fuselaje con una zona afilada, lo tomó, se volvió, agarró al joven por el escaso pelo que le quedaba en la cabeza quemada, levantó su cuello y le clavó el metal. Después soltó la cabeza dejando el metal clavado y al chocar bruscamente contra el suelo, se introdujo más seccionando la tráquea y parte de las cervicales. El joven murió rápidamente.

  Se levantó y volvió a la cima del repecho, ahí hizo gestos a los porteadores y éstos se movieron rápidamente para pasar al otro lado y empezar a buscar cosas de valor.

  Sir Conrad tomó un burro y se marchó en el momento en que volvía a caer otro aguacero.

  La vuelta fue bastante dura y cuando llevaba la mitad del camino, soltó al burro y avanzó solo unos doscientos metros más. Después se paró y miró a su alrededor para asegurarse de que estaba solo. Volvió a tomar la mochila, rebuscó y volvió a sacar el Augmen, lo activó y empezó a girar sobre sí mismo mientras miraba la pantalla y escuchaba los crujidos que soltaba. Identificó el rumbo de donde él
 venía en el momento en que dio un pico de medición. Se paró y empezó a girarse en el sentido de las agujas del reloj hasta que localizó otro pico menos intenso. Revisó en ese momento la brújula y cambió de rumbo. Eso hizo que el avance fuese más complicado, que tuviese que moverse más despacio e internarse en el bosque de encinas por donde estaba ahora andando. El clima tampoco ayudaba nada porque aunque fuese frondoso el bosque, el agua calaba y estaba empapado y embarrado, el viento racheado venía fuerte de lado y a veces le provocaba algún que otro traspiés. Tras un tiempo andando con esas condiciones llegó a un claro, ahí volvió a consultar el Augmen y volvió a cambiar de rumbo, el cual le obligaba a andar en el linde del bosque y en el fondo de un valle estrecho. Tras tres horas andando, llegó a un camino y en el mismo había un Alfa Romeo 85-E con la caja cubierta con una lona. A ese vehículo se dirigió Sir Conrad.

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