martes, 24 de enero de 2017

Bucle de nostalgias

No quiero volver a verte nunca más, se oía desde la habitación de al lado. Ya estaba su madre otra vez re-visionando viejísimas películas, como ella las llamaba y no le gustaba nada que fuera así, porque al final veía una pesada y honda nostalgia adueñarse de ella durante meses. Él consideraba que eran engendros arqueotecnológicos porque se necesitaba de una tecnología falta de interacción para poder disfrutarlas. No se podìa comparar con una buena holosim. El problema real estaba en lo que todas esas pelis despertaba en su madre, un sentimiento que solo podría mitigar con criogenización. Al final será la madre más joven del mundo.

lunes, 16 de enero de 2017

Palabras rápidas

Tras unas semanas de parón por diversas cuestiones, este es el microrrelato que tocaba para esta semana:

Palabras rápidas 
Para implorarle que vuelva a casa, se quedó esperando en la puerta. Se dio cuenta que no tenía razón de su acusación según salían las palabras por su boca pero no podía echar marcha atrás en ese momento. Ahora el sentimiento de remordimiento era intenso y por eso estaba esperando bajo la lluvia radiactiva. Pero no llegaba. Necesitaba expresarse para intentar aclarar la situación pero la oportunidad no llegaba y miraba con miedo a toda esa gente que pasaba al lado suyo, porque nunca se puede uno saber dónde está escondida una placa identificativa de un agente de la policía conductual.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Deseos de retiro

   El otro, hombre o mujer, siempre muerto terminaba y se iba dejando todo tal como quedaba tras el encuentro, sin taparle. Aunque quisiera, no tenía tiempo de despedirse correctamente porque debía desaparecer antes que el otro u otra llegara y aún así, siempre, justo al marcharse, por el rabillo del ojo, tomaba una instantánea que quedaba guardada, atesorada en el rincón de su mente donde se almacenaban todas las imágenes.

Ese tesoro en realidad se podía convertir en pesadilla si se demostraba que era un biológico y no un sintético lo que había retirado. Deseaba que eso ocurriera después de tantos, así le retiraban también al fin.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Retoque finales

  De un certero bocado le arrebató el pincel. ¡Y era su favorito! de mango de madera de cedro, férula de aluminio finamente acabada pero sin separación alguna después de tantos años de uso y cerdas naturales de cola de marta cibelina siberiana natural . Estaba terminando de retocarlo, había llegado hecho un cuadro y el trabajo había sido duro, justo para que al final ocurriese esta desgracia, pensaba mientras veía como salía despedido el pincel en un arco carmesí muy elegante.

Un momento, eso no forma parte del pincel, pensaba Elis mientras miraba cómo caía al suelo su dedo arrancado por la probóscide del zombidroide que se levantaba.

Destello hexagonal

   No era el mar, pero se le parecía. Un movimiento hipnótico tenía en frente de mí y los cambios de color, la tonalidad blanca que se formaba en esos movimientos y sobre todo, el sonido que desprendía, como un murmullo que iba in crescendo, me transportaba a mi Mediterráneo. Y era agradable.
Según aumentaba el bramido de ese murmullo, aumentaba también el calor, como cuando estas tumbado a las doce en la playa y no corre el aire, la brisa marina que te trae ese sonido…

Y al final, un leve destello rompió la monotonía de la eterna tormenta hexagonal del ojo de Saturno.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Siete

Una vez de vuelta en su habitación, la indignación por el trato sufrido se mantenía pero la rabia se había disipado. Lanzó  con desprecio la carpeta con los papeles sobre la cama sin ningún cuidado. A medio camino la carpeta se abrió y vertió los papeles dejando un reguero hasta chocar con la cama. Se quitó el abrigo y lo dejó sin cuidado alguno en el perchero. El bastón lo apoyó sin mirar en la pared y se deslizó hasta chocar con el suelo. La chistera simplemente apareció en el suelo.

  Alfred se sentó en la cama y miró al frente. "Malditos chupatintas y mentecatos. Malditos viejos desfasados y desgraciados. No han prestado atención a nada de lo que les he contado y solo me han preguntado si había encontrado pruebas materiales."; La indignación se dibujaba en su rostro. Los guantes eran más un gurruño de tela retorcida y arrugada entre sus manos. "¿Entonces para que narices me he gastado un pastón en un neuromental? Para documentar todo pormenorizadamente. Pero no, ellos quieren algo que se pueda tocar. ¡Maldita sea!" Bajo la vista y mirando al suelo se acordó de la cajita bajo la cama. Dejó los guantes a un lado, se tumbó en el suelo y tomó con las dos manos la cajita. La volvió a mirar… "!Qué diantres! ¿por qué no?". Se levantó, dejó la cajita sobre la cama y fue hacia su maletín. Allí extrajo sus herramientas, un Wolfímetro y unos guantes Goltzmann, volvió a la cama sentándose en el suelo y dejó todo al lado de la cajita. Primero activó el Wolfímetro y lo paso por todas las caras de la cajita. La máquina soltaba chasquidos, zumbidos pero en la pantalla no registraba la presencia de ningún campo eléctrico ni magnético. Eso extrañó a Albert ya que el material y el diseño de la misma daba a entender todo lo contrario. Después se puso los guantes y los activó. Ahora los movimientos eran más fluidos y precisos, en la punta de los dedos fue insertando distintas herramientas y cuando se consideró preparado, empezó a revisar la cerradura. Introdujo dos sondas, una de ellas magnética y tras unos minutos escuchó un “clic” muy tenue. Sabía que esa era una de las varias trampas insertadas. Esperó unos segundos y al ver que no pasaba nada, prosiguió. Tras varias horas, un par de descansos, y tres accesorios de los guantes rotos, escuchó como la cerradura se abría. Se le podía ver nervioso, un poco ansioso pero sobretodo inquieto, pero la decisión ya había sido tomada y llevada a cabo. Estaba seguro que había conseguido eliminar todas las trampas, así que se quitó los guantes y con mucho cuidado empezó a abrir la tapa de la cajita. En el interior, tras abrir la tapa se activaron dos pequeñas luces y vio que el interior de la caja estaba forrado de terciopelo negro y que contenía dos objetos: una punta de silex y un anillo de oro. Al levantar la vista, en la parte interna de la tapa había un papel apergaminado con el sello y ponía con letra estilizada: Alfred. Un pico en la pantalla del Wolfímetro se dibujó durante unos segundos mientras Alfred se quedaba mirando el papel y se extinguió con la misma rapidez con la que apareció.

Licencia
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Dos

Tomada de http://speckyboy.com/2013/01/20/steampunk-artwork/ y puesta sin permiso expreso.
 Todos los derechos de la imagen son del autor.


   La llegada al Heliopuerto de Lurk fue un poco aparatosa por el tiempo pero sin ningún problema. Tomó su maleta de mano, su bastón, su sombrero y salió a la terminal de llegadas. No esperaba que nadie fuese a buscarle porque no avisó de su llegada, así que al ver un joven sosteniendo un cartel con su nombre le extrañó y le hizo recelar, parándose unos segundos y obligando a que le esquivasen los pasajeros que iban detrás de el. Miró al sujeto. El joven no parecía percatarse de su presencia pues seguía mirando distraídamente a los grupos de personas que salían por la puerta bautizada con el nombre de "Llegadas". Alfred arqueó una ceja y con una media sonrisa decidió a acercarse al joven.  En el momento que se apartó del flujo principal de personas, el muchacho con el cartel y vestido de chófer le miró directamente y sin titubear a la cara. Quedaba claro que ya lo había reconocido. Antes de que Alfred se pudiese presentar, el joven extendió el brazo, tomó el maletín cuadrado de cuero de yak y se dirigió a la salida. Alfred tampoco quiso hacer ninguna pregunta porque empezaba a intuir que ese "chico" tenía algo peculiar que seguro no le iba a gustar y le siguió a lo largo de la descomunal y eterna estancia que era la Terminar Cuatro del Heliopuerto. 

   Ya cuando salieron a la calle, a un frío día y con la peligrosa presencia de nubes negras, el chico se dirigió a un Alfa Romeo Pescara del 35, un coche negro de cristales tintados, carrocería elegante aunque modificado para llevar más asientos que el de piloto y copiloto y le invitó a entrar en la parte de atrás. Alfred miró en su interior antes de entrar y al ver que no le esperaba nadie, se acomodó en el centro del asiento. Dejó el bastón en el suelo del mismo y el sombrero a su derecha. El chico se sentó en el asiento del conductor y tras un leve chasquido, el vehículo arrancó con el típico zumbido. Al poco de iniciar la marcha, el chófer tocó un botón en un panel que Alfred atisbó en el salpicadero y un cristal negro se elevó para aislar las dos partes del vehículo y, en ese momento, empezó a plantearse si había tomado al decisión correcta. Casi leyéndole el pensamiento, una pantalla de un monitor disimulada en la parte central del panel inferior de madera se iluminó  acompañado de un zumbido y tras la aparición y ensanchamiento de un punto de luz, pudo ver el rostro de un hombre de edad indefinida, con bigote largo, fino y bien cuidado que le miraba de forma curiosa. Una voz inundó el habitáculo del coche. 
--Buenas tardes tenga señor. Es de agradecer que haya aceptado nuestra invitación y de igual manera, le agradecemos que no haya hecho esperar demasiado a nuestro memo.--Al nombrar al memo, la cabeza se inclina hacia la izquierda y hacia atrás como señalando al conductor. --Esperamos que haya tenido un viaje agradable pero  nos disgusta que no haya querido informar de su visita.-- El hombre deja de hablar y cuando Alfred, tras reponerse de la impresión inicial, intenta esbozar una disculpa, éste prosigue. 
--La cuestión es que queríamos hacerle ver que, mientras esté nuestro contrato en vigor, siempre sabremos dónde está. Es la mejor forma de asegurarnos que nuestro negocio llegue a buen puerto. El memo le lleva ahora mismo a su hotel. Reconocemos que nos ha costado mucho encontrarlo, ha sido un detalle el que haya tenido mucho cuidado en la elección. Es interesante. --Hace una pausa, se atusa el bigote y prosigue.           --Esperamos verle mañana en la sede para poder comentar algunos detalles. Tenga buena tarde. 

  La imagen desaparece convirtiéndose en una línea gruesa de luz y posteriormente en un punto que se mantiene en el centro de la pantalla hasta que el zumbido de estática desaparece, desapareciendo con el.

  Alfred simplemente sonríe.

Licencia
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.